Reflexiones, Teoría y Cultura de Diseño

10 julio 2005

De Interés Reservado

Cuando nos hacemos la inquietante pregunta acerca de cual debiera ser el sentido “más allá” de la disciplina del Diseño debemos distinguir dos escenarios relevantes (entre varios) que hasta este momento han construido nuestra realidad:

a) Las escuelas de Diseño
b) Las empresas de Diseño

Podríamos añadir a estas categorías las no menos importantes relacionadas con la masa estudiantil, el gremio profesional, los académicos sin ejercicio profesional y los profesionales sin interés en el pensamiento académico. Sin embargo, hagamos la tarea de subsumirlos en los criterios precedentes y no habrá una pérdida significativa para los objetivos de esta pequeña digresión acerca del Diseño.

Por un lado el emerger histórico de las escuelas ha respondido a motivaciones relacionadas a contextos políticos y económicos cambiantes. Desde ese punto de vista la matriz educativa, con toda naturalidad, propende a reflejar momentos específicos de la disciplina y con el paso del tiempo a mantener estas matrices muchas veces sin cotejarlas con los cambios ocurridos en el contexto. Veámoslo si no en el modo creciente con que las herramientas técnicas -softwares y hardwares- han modificado las jerarquías cognitivas (qué es lo mínimo que debe saberse para ser operativo) y al mismo tiempo han variado las expectativas respecto a varias dimensiones del quehacer profesional: tiempos de respuesta, calidad formal, metodología, valor del producto y valor del conocimiento.

Es sabido que la política y las academias suelen ser las últimas instituciones en adaptarse al conocimiento que hoy disponemos acerca de la realidad social, sus movimientos y cambios acelerados, sus crisis y demandas, situación que cunde en las burocracias académicas a excepción de aquellas áreas que son de interés para quienes invierten grandes sumas de dinero en realizar investigación: básicamente proyectos y aplicaciones tecnológicas o de desarrollo económico . De hecho, esta preeminencia de los estudios “orientados al capital” permite que sea puesta en discusión la validez de la orientación humanista de las academias en tanto no se ciña al programa pragmático de la economía capitalista.

Ignorar el peso que tiene el modelo económico dominante en los roles sociales y sus normas de comportamiento ha sido causa de innumerables desencuentros entre las pretensiones educativas de las escuelas de diseño y las que dicen requerir las empresas, estas últimas que figuran indiscutidamente como los protagonistas de todo tipo de construcción simbólica de orden masivo, es decir como los productores o emisores de creencias y significados que afectan las conductas y valores .

Un Diseño surgido de una concepción artística, como es el caso de la antigua Escuela de Artes Aplicadas, o de una concepción poética, al modo de la célebre Universidad Católica de Valparaíso, cuyas inciertas proyecciones han definido lo bueno y lo malo de cargar con el lastre de pertenecer a la órbita de lo “artístico” (esa aura de ser “creativo” y al mismo tiempo ligeramente “vanguardista, cuando no “antisistema”), ha mantenido a la disciplina bajo el alero del aprendizaje de criterios estéticos y de categorías de análisis muy cercanas a las bellas artes, cuando no lo ha hecho hermanándose con la muy próxima disciplina arquitectónica, cuya relación con el funcionalismo y el movimiento moderno deja al Diseño por años al amparo de facultades y decanatos comunes con Artes, Arquitectura y más recientemente con Comunicaciones y Publicidad –cuando no lo ha hecho pasándose al ruedo de las ingenierías-.

Estas decisiones administrativas no son para nada gratuitas y refuerzan la hipótesis de que desde su propia concepción el Diseño no ha logrado establecer un estatus autónomo “convincente”. Por lo tanto si hasta hace muy poco las propias instituciones “madres” de los profesionales de nuestra disciplina tenían ciertas creencias acerca del Diseño y otras han tendido a caracterizarlo según sus propias ideas alternativas, no podemos esperar que dicha definición surja de voluntarismos aislados , al menos no mientras no haya un acuerdo previo, espontáneo y al mismo tiempo orquestado que traduzca esta necesidad interna, metacultural, y la compatibilice con lo que realmente está pasando, con las posibilidades concretas que se les está dando a diseñadores y escuelas de convertirse en interlocutores relevantes de las actividades económicas y culturales del país.

O sea, cotejemos quienes somos y lo que nos creemos con lo que el resto ve y está dispuesto a transar por nuestras “intromisiones” o “asesorías”.

Aquí es donde empresas de Diseño e industrias que precisan del Diseño para sus proyecciones estratégicas pasan a primera línea a la hora de decidir qué herramientas deben proveerse por la vía académica, e informar acerca de cual es el perfil (en términos de habilidades y competencias) que requiere el mercado (esa entelequia poderosa y discutida) y qué roles están asumiendo los diseñadores de carne y hueso en dicho escenario. Es decir, hace falta un “sinceramiento” o una “asunción de realidad” en el cual quede claro lo siguiente:

- Qué están haciendo los diseñadores.
- Cómo lo están haciendo.
- Qué retos debieran ser capaces de avizorar a futuro.
- Qué medida de autoridad y poder se les confiere socialmente.
- Qué habilidades “extras” serían valoradas social y económicamente.

Con algunos de estos acuerdos a la vista la educación del Diseño no podría hacer otra cosa que dar a conocer sus propias expectativas, definirse respecto a qué proyecciones pueden esperarse de sus programas académicos y alinearse o no con las exigencias del mundo empresarial. Aunque hacerlo no sea más que un ejercicio de supervivencia.

Cabe en la discusión la posibilidad de que las instituciones educativas asuman o renuncien a la responsabilidad de educar con la práctica laboral en la mira, pues como todo poder, el mercado laboral, la práctica real del diseño en la industria y el comercio, no agota la realidad ni define los limites de la exploración humana, sólo le impone las cotas económicas, aunque este “sólo” sea más bien retórico pues la dimensión económica de cualquier actividad trae con ellas casi todas las valoraciones simbólicas que son de interés al mundo contemporáneo.

Hacer este ejercicio parece ser cada día más urgente y al mismo tiempo imposible, o peor aun innecesario desde la perspectiva algo darviniana del mercado. Urgente, pues las expectativas divergentes entre industria, empresas de Diseño y escuelas de Diseño demandan acciones y actores capaces de emprender dichas acciones . Imposible, porque el mismo mercado ha puesto en pugna los modelos público y privado de educación, y el tamaño de las inversiones y recursos monetarios que transa cada institución pone en juego carreras personales, burocracias públicas y privadas y otros lucrativos intereses no siempre tan transparentes como se predica. Innecesario, porque bajo cierto punto de vista cuando el mercado es el que discrimina, los capaces, los más fuertes, los que logran adaptarse a la realidad siempre van a sobrevivir a las trincheras del ejercicio profesional, dejando en el camino a aquellos que no, trasladándose así el sentido de esta digresión a la responsabilidad individual de cada posible diseñador, a su capacidad personal de visualizar los conflictos descritos, “sin responsabilidad ulterior para los otros involucrados (escuelas, empresas y gobiernos)”.

Es así como finalmente arribamos a la dimensión ética que todo esfuerzo humano enfrenta cuando se llega a un punto de “no acuerdo”, en lo inmediato lo caracterizaremos como la responsabilidad de trasparentar y hacer consciente estas materias de desvelo que a nadie, excepto a los diseñadores, interesan. Dimensión ética cuyo protagonismo en la configuración de nuestra historia profesional ha marcado el paso del vaivén entre la práctica y la enseñanza. ¿Lo hacemos, o no lo hacemos?, ¿nos conviene, o no?, ¿sabemos cómo o no sabemos cómo?.

Por cierto que toda ganancia es una pérdida. El meollo estriba en darnos cuenta del lado en el cual quedamos al hacer el ejercicio y el grado de compromiso que adoptamos a la hora de traer a la realidad nuestras elucubraciones, ya sean éstas académicas o empresariales.

O dejar que el mercado discrimine, prescindiendo de creencias, valores e ilusiones.

4 Comments:

  • Por ahí leí que en España la problemática se resolvió invirtiendo en educación, en educación de diseñadores, ingenieros y otros especialistas que si creyeron que el diseño podía resolver algo.
    Miguel

    By Anonymous Anónimo, at 8:45 p.m.  

  • veo en este postulado una base teórica sustentada en la necesidad de una educación universitaria con miras al mundo laboral. por favor corríjeme si me equivoco.
    de ser así, he de discrepar, ciertamente, aunque mi postura sea estéril por decir lo menos.
    desde mi punto de vista, la educación universitaria en generar, y la del diseño, en particular, deben no dejarse influir por las situaciones laborales o las tan en boga llamadas "tendencias" que imponga un mercado económico específico.
    si el diseño es un estudio universitario (de no serlo, me retracto), debe ser precisamente universal. sin mañanas ni ayeres. un fino tejido de herramientas cognitivas que nos permitan enfrentarnos y solucionar cualquier problema, independientemente de las modas, pues, al fin y al cabo, el diseño como tal (excluyo las aplicaciones publicitarias, pues considero que en ellas el diseño es más una herramienta que un producto) debe ser capaz de designar, de dar signos, que permanezcan; objetivo contrapuesto a lo efímero de lo "actual".

    ahora bien, si planteamos el estudio del diseño desde la universalidad del conocimiento, es cierto que podemos sentirnos "fuera de mercado", pero que lo sintamos y que lo estemos no es necesariamente lo mismo.
    una buena mochila cargada de sistemas de análisis, de estructuras de razonamiento y de creación de soluciones basada toda ella en un aprendizaje universal nos permite a todos, insisto, a todos los diseñadores, ser los protagonistas de todas las tendencias y actualidades en cuanto a diseño se refiere, en lugar de una agrupación de observadores pasivos con afán de copia.

    pero claro, ni hoy las universidades son universales, ni la educación tiene como objetivo la propia educación. hoy estudiamos para ganar más, o al menos, para ganar lo mínimo. pero ese es ya otro tema.

    By Blogger felipe samper, at 7:57 a.m.  

  • estimado amt, respondiendo al comentario que dejaste en mi blog a propósito de este tema, donde me comentas sobre la imposición de urgencia en el ámbito laboral del diseño en chile, y sobre cómo tener en cuenta esta situación en el proceso educativo, estoy de acuerdo en que es una tarea compleja, ahora bien. ¿consideras realmente imprescindible que los alumnos de diseño aprendan -desde los inicios de sus estudios- a responder bajo los niveles de presión típicos del mundo laboral?. desde mi humilde punto de vista creo que no. considero que un alumno debe primero ir cargando su mochila de herramientas que le permitan resolver problemas. considero además que este proceso debe comenzar con la menor cantidad de restricciones posibles. por ejemplo, no se me ocurriría enseñarles al principio las características de resolución en dpi de una imagen para imprenta, para diario o para pantalla; ni si tienen que estar en cmyk o en rgb o en mapa de bits. creo que todo este tipo de consideraciones son castrantes para desarrollar conceptualmente la solución a un problema formal o de comunicación.
    en el mismo ámbito considero las presiones propias de esta profesión en el mundo laboral. creo sinceramente que éstas deberán ser aprendidas paulatinamente a medida que el alumno avance en su carrera. al fin y al cabo, tanto la información técnica como el ritmo resolutivo se aprenden trabajando, pero la calidad de esa "mochila" y sus herramientas -que son las que permitirán a cualquier diseñador enfrentarse metódicamente a cualquier trabajo- será de mejor o peor calidad según la educación recibida, y una vez salidos de la escuela, ya será muy difícil mejorarla. por todo ello creo que si bien es recomendable considerar la urgencia en el ritmo laboral, jerárquicamente en la tabla de trascendencia docente, quedarían en último plano.

    sin lugar a dudas me encantará discutir y analizar contigo estos y otros temas relacionados con el diseño y la docencia.

    saludos

    By Blogger felipe samper, at 7:13 a.m.  

  • Bien Alvaro, sigue posteando. Que tu Blog prometía.

    Tomás

    By Blogger tomasaustin, at 10:12 p.m.  

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