02 enero 2012
Saludo a todos los diseñadores
17 diciembre 2011
Presentación en Expo Asia Pacífico
22 noviembre 2011
Steve Jobs, Mesías
Genio de los negocios, obseso por la estética, la usabilidad y el manejo intuitivo de los dispositivos tecnológicos, creador de numerosos fracasos y éxitos, un tipo capaz de provocar alzas y caídas en las bolsas mundiales… Muerto, Steve Jobs rápidamente se ha erigido en singular mesías del sueño americano.
Su ya célebre discurso de 2005 en la Universidad de Stanford ha sido ensalzado cual Sermón del Monte contemporáneo, con su sugestivo panegírico a la intuición y a la prospección emocional del sentido verdadero de las cosas. En él, Jobs parece querer decirnos que la razón lógica ya no es suficiente y que el esfuerzo y la pasión son el único motor del genio, haciendo explícitos y visibles su mística, carisma y seducción, pero manteniendo en la nebulosa el flanco operativo, táctico y relacional de su particular estilo de management.
A la luz de la profusa cantidad de información difundida por los medios y los llamados “líderes de opinión”, más allá del luto que aún embarga a la comunidad global de fanáticos de Apple, la figura de Jobs parece estar instituyéndose como la de un moderno iluminado, cuyas frases y éxitos son leídos como absolutos a descifrar.
Ya mientras vivía, los iPod, iPhone, iPad y Mac fueron objeto de estudio y ejemplos insoslayables de innovación con valor agregado y orientación a las personas. Y de seguro continuarán siéndolo por mucho tiempo más entre los expertos en innovación, diseño y branding, que además incluyen dentro de esa aura mágica a compañeros de ruta de Jobs como Wozniak o Jonathan Ive y, en menor medida, a su sucesor al frente de Apple, Tim Cook.
Esta mitificación de Jobs como emprendedor paradigmático de los siglos XX y XXI obliga a interrogarnos acerca del tipo de sociedad, la clase de valores y el concepto de heroísmo al cual asociamos al fundador de Apple y, de paso, a preguntarnos cómo pensamos la cultura y el éxito.
Porque no estamos aquí frente a un emprendedor social, ni a una figura que se haya destacado por su orientación a las personas en un sentido humano y relacional. En tal sentido, abundan las anécdotas que retratan al genio déspota -ilustrado y sin duda creativo- con su equipo de trabajo: como cuando lanzó un prototipo de iPod dentro de un acuario para demostrar que “si salen burbujas, es porque aún queda espacio para hacer más pequeño el diseño”. Con la competencia no era muy diferente: basta recordar su promesa de gastar hasta su “último aliento” para “destruir a Android”, el sistema operativo abierto de Google que él consideraba fruto de “un robo”.
Tampoco podemos decir que Apple ha sido hasta aquí una empresa destacada por su filantropía ni por el desarrollo de soluciones tecnológicas masivas, orientadas a la gente menos desfavorecida. No fue ése su enfoque, ni parece importar demasiado.
A lo sumo podemos decir que el “Think Different” de Apple ha sido, para un número importante de gente que incluye esnobs (como dice el comediante estadounidense Jerry Seinfeld: “todos mis amigos artistas que usan iPhone…”), diseñadores, emprendedores y empresarios signados con la chapa de la “innovación” (como Fernando Flores), el santo grial de la consistencia entre un ideal de producto, empresa, valor agregado y afición al consumo.
Con todo, en esta era de “orientación al cliente”(o “consumer centered”) no deja de ser un oxímoron la contradicción entre la percepción del mercado (productos amigables) y lo que en realidad ha ocurrido con Apple (sistemas cerrados, secretismo, CEO despótico y genial). Es significativo el contrapunto impuesto por Jobs respecto a “no escuchar a sus consumidores (de lo contrario no habría creado el iPod)” y guiarse por su certero sentido de la exclusividad y diseño, junto con una percepción arriesgada y acertada del rol de su marca y sus productos en la historia del occidente capitalista.
Sorprende entonces la virtual “beatificación” de Steve Jobs como un personaje que, más allá de sus logros empresariales, es capaz de encarnar el éxito “con onda”. Un nuevo santo en el panteón empresarial y tecnológico, cuyos feligreses posan ante los Apple Store con imágenes del difunto CEO a la espera del nuevo dispositivo recién lanzado. El mesías empresarial poseedor de un arrastre, estilo y carisma únicos, así como de una capacidad de imaginar productos ad hoc de performance destacada, o al menos vanguardista, en cada ámbito en el cual éstos se han instalado, ya sea la computación personal, telefonía móvil, el mundo de los tablets o de la música digital.
¿Podríamos decir que el fenómeno de Jobs es la encarnación de sueños y aspiraciones propios de una sociedad de consumo?
- Self made man con una historia no exenta de polémica y dificultades que se transmutan en ejemplos de resiliencia del sujeto Jobs ante toda clase de desafíos personales y empresariales.
- Liderazgo en ámbitos como la tecnología y el entretenimiento, sin perder su sello personal.
- Carisma y profundidad de su discurso corporativo imposible de comparar con el de ningún otro CEO de igual o mayor renombre.
Uno podría extrapolar las evidentes virtudes de Steve Jobs y preguntarse bajo qué clase de arquetipo o “paradigma” se ubica este sujeto humano, cuya genialidad abrió un exitoso estilo de relacionarse con los consumidores al punto de transformarlos en seguidores fanáticos y aguerridos, pero que por otro lado no realiza ningún aporte concreto, perceptible y valioso al desarrollo social, político o educativo, salvo el que hacen sus exégetas al proyectar los resultados de sus productos a procesos de innovación.
Evidentemente, los productos desarrollados por su empresa cambiaron el modo en que muchas personas se relacionan hoy con la tecnología (como es el caso de este columnista) y, como se ha dicho miles de veces en estos días, la vara dejada por Jobs en Apple es muy alta, no solo para la industria de la tecnología y la entretención, sino que además para la propia compañía que gobernó por todos estos años.
Queda por ver, en un sentido profundo, la trascendencia de los aportes de Steve Jobs a lo que podríamos denominar “la cultura humana”. Saber si su aura se proyecta más allá de nuestro recientemente asumido rol de consumidores y usuarios de tecnologías intuitivas, o si tan solo quedará anclada a un efectivo y seductor estilo de ejercer un liderazgo como estrategia de marketing.
Queda por ver, además, si Apple tiene la capacidad de replicar, respetar o superar la efervescencia creativa de su líder y oráculo, si la mentada vara de hierro del “genio visionario y creativo” es algo que la Apple University consiga perpetuar en la cultura de la compañía.
Y lo más importante, resta averiguar si una empresa con un legítimo interés en conseguir su tajada del share of walletde los consumidores podrá ahora seguir apostando a un “think different” basado en conexiones emotivas y simbólicas, ya en ausencia de su mesías tecno-innovador, sumo sacerdote de cuello tortuga, jeans y zapatillas blancas, postulante a Da Vinci, Ford o Edison del siglo XXI.
Factor Diseño
Etiquetas: Apple, Branding, emprendedor, legado, mesías, mito, Steve Jobs
04 octubre 2011
El packaging en la hora de la verdad
| Knowledge | |||
| Cuando los productos aspiran a algo más que simplemente ser marcas y mostrar su identidad ante las personas, el único camino pasa por convertirse en experiencias significativas para ellas. Segunda parte y final de Envases y embalajes: piel y voz de una marca. | |||
Por Álvaro Magaña T. | |||
| En su clásico libro de 1999, Experiential marketing, Bernd H. Schmitt declara que los proveedores de experiencias o “ExPros” son siete: primero las personas (o como él las denomina, “el elenco”); segundo los espacios digitales y redes sociales (todo lo que ocurre entre una interfaz digital y una persona); tercero las comunicaciones (tanto publicitaria como de relaciones corporativas); cuarto el co-branding (o las relaciones entre una marca y las marcas de sus aliados); quinto, la arquitectura e interiorismo de los espacios físicos en los que la marca recibe, acoge y transa con sus clientes; en sexto lugar, la identidad visual, el visual merchandising y la señalización, y por último, la presentación de productos y servicios (entre ellos el packaging). Aceptando que toda tipología es arbitraria y, por lo mismo, discutible, no podemos negar que el lugar que hoy ocupan las marcas en nuestra vida no se ha producido tan solo por la sucesión de imágenes inconexas emitidas por los medios de comunicación. Está comprobado que son muchos y diversos los factores incidentales en esta conexión, que sólo se logra gracias a la orquestación adecuada de todos los recursos mencionados por Schmitt.
Las marcas, con sus productos y servicios, políticas de precios, estrategias de venta y comunicaciones y todos sus activos intangibles, durante la mayor parte de su existencia sólo se vuelven reales al impactar nuestros sentidos y comprometernos afectivamente, ya sea mediante la confianza, la identificación o las sensaciones que nos hacen vivir. No es excesivo afirmar entonces que toda la razón de ser de una organización se juega en ese instante de contacto con las personas, un “momento de la verdad” en que se hace concreto cualquier estímulo sensorial que diga representar a la marca. En este nivel, cuando lo tangible se convierte en la única realidad del producto, el packaging se vuelve automáticamente el recurso que “hace las veces” del producto durante la mayor parte de su ciclo de vida antes, durante y después de su consumo directo. Tan estratégica es esta dimensión experiencial y temporal del packaging, que a nivel internacional los envases, etiquetados y embalajes de los productos han empezado a ser concebidos en función de su efecto a largo plazo en el ecosistema planetario. Hoy no basta con mejorar únicamente el desempeño comercial de un packaging, su impacto en el punto de venta y su diferenciación, sino que cada vez cobra más fuerza la idea de que las marcas siguen habitando el diseño de los envases de sus productos mucho más allá del momento de consumo, y que las organizaciones deben hacerse responsables y contribuir a la sustentabilidad del ecosistema humano. De hecho, hoy se espera que las grandes marcas que consumimos a diario sean también “buenas marcas”, de allí que el packaging sea un vehículo de comunicación del compromiso de las organizaciones con la comunidad. Un compromiso que, como hemos señalado, no solo se expresa en la efectividad de la comunicación implícita en su diseño, sino que ahora también en la responsabilidad asumida frente al ciclo de vida completo de sus productos: ya sea adquiriendo certificaciones, mejorando materialidades o adhiriendo a iniciativas que instalen conciencia sobre, por ejemplo, la vida útil de los envases después de consumido el producto que contenían.
El packaging y el producto Probablemente, los bienes perecederos (no confundir con “perecibles”) sean los que con mayor claridad nos permiten apreciar cómo el packaging traduce la propuesta de valor en identidad, pues el envase y su apariencia, su forma y funcionalidades, se manifiestan de forma tangible para el consumidor. En dichos casos, el packaging es sin duda el único modo posible en que podemos concebir al producto en el mercado. En otras palabras, el packaging ES el producto. El perfume femenino Very Irresistible, de Givenchy, es así mucho más que una fragancia y una estética: es una promesa de funcionalidad y de garantía que asume una forma y una materialidad que acompaña a su comprador en su uso, ya sea como objeto de regalo o como artículo de uso personal que probablemente acompaña a su dueña en diversos lugares y situaciones. En el ámbito de las aguas embotelladas, la tendencia a comercializar aguas de diversos orígenes -de lluvia, de glaciares, de icebergs, etc.- obliga al menos a cuestionarse cuál es la estrategia más adecuada para comunicar que mi marca de agua es más valiosa que el humilde líquido que sale de las cañerías, e incluso más valiosa que las Evian, Perrier, Jahuel, Cachantún, Vital y Puyehue de cada mercado. En estos casos, la capacidad sugestiva del packaging será esencial para relacionar el producto con una promesa discernible, recordable y valorable. En concreto, el envase y su estética aportan un ingrediente básico para la decisión de compra. Si recordamos esa vieja fórmula que han llamado la “ecuación de valor” y que afirma que “el valor es la información partida por el precio”, el packaging es el recurso estratégico de la marca que le aporta al consumidor un grueso de información irrefutable: calidad del producto, cantidad, coloridos, personalidad, componentes, atributos relevantes, origen, premios, certificaciones, etc. Siguiendo con el ejemplo de las aguas embotelladas, la promesa de un agua obtenida del deshielo de un iceberg (como el caso de las aguas berg de Canadá) se vería muy mal e infundiría desconfianza si su diseño y su estrategia de precio no comunicaran la rareza y calidad del producto: basta imaginarla embotellada en un envase PET genérico y con un precio exorbitante (o irrisoriamente bajo) para gatillar la disonancia. Las formas, la materialidad y la gráfica son fundamentales para “emocionalizar” el producto, para que cada uno de nosotros perciba -sensorial, racional y afectivamente- que no se está en presencia de un producto más.
Identidad, experiencia y servicio Como ya hemos esbozado, entender cada producto y su marca de un modo sistémico contribuye a que las decisiones de diseño tengan un alcance estratégico y contribuyan al éxito de su posicionamiento en el mercado. Esto implica tener en cuenta: • La experiencia que el producto debe proveer en todo su ciclo de vida • Los recursos que serán usados para emocionalizarlo y así empatizar con las personas • La funcionalidad a todo evento (informativa, de uso, de almacenamiento, de transporte, etc.) • Su eficacia en la exhibición (visibilidad, orientación y deseabilidad) En un contexto global que evoluciona hacia una economía de la atención, donde los estímulos emitidos por los medios, la vía pública y los puntos de venta constituyen un verdadero enjambre, ningún producto puede darse el lujo de optar por ser irrelevante. Como se ha dicho, “en cada categoría hay espacio para que un solo actor resulte ganador en la guerra de precios”: todos los demás están obligados a agregar valor y salir del ruido ambiental, evitando las comunicaciones genéricas que solo contribuyen a la creciente confusión de los consumidores. Los productos y sus marcas tienen la misión de conectar con nosotros de maneras significativas y el packaging puede lograrlo en todos los niveles. Álvaro Magaña Tabilo es Diseñador con Mención en Comunicación Visual de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), Santiago de Chile. Es Asesor Estratégico (Brand Planner) de Procorp Chile para las áreas de Branding y Comunicación. |
20 julio 2011
Envases y embalajes: piel y voz de una marca
| Una parte importante de la vida de un producto ocurre en torno a su envase y embalaje, los que le brindan no sólo protección y transporte, sino principalmente visibilidad, orientación y deseabilidad de cara al mercado. Este es el primero de dos artículos del brand planner de Procorp sobre los alcances estratégicos del packaging para las marcas. | |
Por Álvaro Magaña T. | |
| En un tiempo inmemorial, que para muchos existe solo existe como registro documental, la mayoría de los productos eran transados en única dependencia de lo que estos mismos eran capaces de comunicar. La leche, por ejemplo, era un producto que se consumía “al pie de la vaca”, o bien era repartido a granel por un señor vestido de blanco (en el súmmum de su sofisticación) en botellas de vidrio sin identificación visible, con la única condición de ser consumible y estar porcionada en acuerdo con el comprador. En nuestra realidad contemporánea, en cambio, la leche habita un lugar cada vez más complejo llamado “góndola de supermercado”, donde coexisten numerosas variedades de la misma especie, bajo rótulos como leche entera, descremada y semi-descremada, sin lactosa, saborizada, extra calcio, con vitaminas, etc. Y es ofrecida por cuatro o cinco diferentes productores bajo diversos tipos de presentación. Lo que ha pasado con productos tan básicos como la leche es extrapolable a prácticamente toda la oferta existente hoy en el mercado. La diversificación y complejización de las calidades y características con que las empresas han salido a la conquista del consumidor, ha hecho necesario repensar los estándares de calidad y el valor agregado ofrecido por las marcas a las personas. Es más, ha obligado a replantearse la pregunta sobre cómo es que un producto es capaz de interpelar a las personas y gatillar el simple, pero a la vez complejo, acto de escogerlo, pagar por él y llevarlo a casa. El diseño de envases y embalajes, o packaging, es la especialidad del diseño que se ocupa de concebir el modo en que los productos se manifiestan en una etapa importante de su ciclo de vida: durante su transporte, almacenaje, exhibición y, muchas veces también, su consumo final. La necesidad de pensar exhaustivamente el rol que cumple la materialidad y la presentación externa de un producto ha demostrado ser igual de importante para las innovaciones tecnológicas de Apple, como para un simple helado, una fruta o un vino boutique. En muchos casos, envase y embalaje pasan a constituir la esencia misma del producto, incluso más allá de la experiencia de consumo: ¿qué es sino el packaging de un snack, de una colación escolar o de un vodka sueco mundialmente reputado? Y dado que el diseño de envases y embalajes se ha convertido en una especialidad en sí misma, los conocimientos y disciplinas que convergen en su reflexión también se han complejizado. En Procorp creemos que una adecuada puesta en escena de un producto debe ser capaz de ofrecer, desde el packaging, una propuesta de valor expresada en tres dimensiones: a) Visibilidad o diferenciación respecto a su categoría y entorno competitivo. b) Orientación o información relevante y clarificadora, que ayude al cliente a preferir nuestra propuesta. c) Deseabilidad o argumentos que trasciendan lo funcional, reflejando apropiadamente los atributos de la marca y conectando con los deseos y expectativas de las personas. Lograrlo demanda articular conocimientos estratégicos, culturales, productivos y materiales con una cantidad equiparable de talento, para hacer confluir en el diseño todas las condicionantes que emergen de la naturaleza propia de cada producto: aspectos legales, históricos, comerciales, precio, condiciones de exhibición, almacenamiento, transporte y respeto al medioambiente.
No podemos olvidar que el packaging de un producto está siempre sujeto a las condiciones y estándares imperantes en la industria al momento de su concepción, por lo que su diseño debe ser la mejor respuesta creativa a un imperativo funcional, cuya finalidad es propiciar una experiencia de consumo gratificante que cimente la lealtad de compra. Este enfoque estratégico implica naturalmente entender de qué forma las necesidades de los consumidores pueden ser satisfechas por el producto y qué atributos diferenciadores podrán afianzar un compromiso sostenido de sus compradores. Lo que significa internarse en el mundo del consumidor, entender sus hábitos, códigos y valoraciones, de forma que las decisiones creativas y las acciones comerciales se alineen adecuadamente con la realidad y la cultura de las personas que constituirán la audiencia de la marca. Por ejemplo, el modo en que es percibida la gráfica de un producto infantil variará ostensiblemente entre madres e hijos preescolares, preadolescentes y adolescentes, un producto masivo tendrá incondicionales e insatisfechos en diversos rangos de edad y “tribus” de consumidores, así como un producto especializado probablemente deberá ser capaz de comunicar llana y explícitamente sus méritos en contraste con su competencia, sin pasar por alto que diseñar para un mercado específico requiere sintonizar con creencias, costumbres y lenguajes que no siempre son entendidos a cabalidad ni por la organización ni por el equipo de diseño, por lo que es fundamental estudiar y familiarizarse con la realidad de todos quienes serán los consumidores del producto. Paralelamente este entendimiento debe ser complementado con un mapeo de la competencia, sus estrategias y recursos, precio y calidad de los productos rivales y su comunicación. Los patrones que son detectados a través de este ejercicio nos ayudan a determinar con mayor precisión los aspectos diferenciadores de los que puede hacerse cargo el producto mediante su packaging, ayudando a configurar su personalidad y deseabilidad. El proceso a seguir, tanto para la creación de los recursos de identidad que configurarán la esencia del producto, como para el desarrollo estructural de cada parte de un sistema de packaging, ya sea éste primario (la piel del producto), secundario (el envolvente del envase) o terciario (embalaje), debe realizarse en completa coordinación con la producción del mismo, ya que tanto peso, tamaño, resistencia y reciclaje de los materiales, así como los sistemas de impresión y empaque implicados determinarán la calidad percibida final del producto. Y por último, pero no por ello de menos importancia, es crucial definir los estándares de exhibición que darán al producto la mejor apariencia y desempeño en el punto de venta. Aunque esta condición sea difícil de administrar, el diseño debe procurar la conjunción de las mejores circunstancias permitiendo al mismo tiempo máxima flexibilidad con el mínimo de recursos adicionales. En suma packaging no es cosmética, es experiencia de marca. Como hemos visto, es imposible concebir el diseño de un packaging sin tomar en cuenta todos los aspectos contextuales que configuran la propuesta de valor del producto. Dicho cuidado debe estar presente durante todo el proceso de concepción estratégica y creativa, para: • Visualizar y gestionar las variables que condicionan las acciones comerciales, legales y logísticas de la organización responsable de colocar una nueva oferta de marca en el mercado. • Conseguir el engrane más eficiente y efectivo con las demandas, deseos y cultura de los consumidores. • Diseñar en coordinación con todos los involucrados en la fabricación, empaque, impresión/rotulación, distribución, determinación de precio y exhibición. • Proporcionar mejores y satisfactorias experiencias de consumo a sus clientes. • Servir a la consolidación y fortalecimiento de la reputación y valor de su marca. |
18 abril 2011
Coloquio de Diseño en la Universidad Autónoma de Aguas Calientes

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08 abril 2011
Conferencia CMD 2009: Empresas + Diseño
28 enero 2011
Ecosistemas marcarios: La marca y su circunstancia (Factor Diseño de Procorp)
Decir que todas las marcas son lo mismo puede ser tan ilusorio como afirmar que todas las organizaciones, todos los países o todas las personas, son iguales. Descontando las similitudes aparentes, las diferencias y dependencias frente a otros actores del mercado es la razón de ser de toda gestión eficiente de identidad.
Los recursos simbólicos de identidad que constituyen una marca, y que permiten individualizar una organización, producto o servicio (OPS), guardan importantes semejanzas con los organismos vivos. Por lo pronto, deben sobrevivir a agresivos procesos de selección natural (la que, como sabemos, no siempre es de origen taan natural). La supervivencia de una marca, en este contexto, está sujeta a una amplia diversidad de variables, donde la percepción y las creencias que las personas tienen de una marca y sus recursos superan en importancia, y por bastante, a la mera calidad de su oferta en el mercado.
En esta enmarañada selva de ofertas y demandas, cuyos “reyezuelos-consumidores” exigen más y mejores experiencias, las marcas –como solícitos satisfactores siempre dispuestos a prometer aquello que la competencia no ofrece- producen inesperados ecosistemas que se expresan en el posicionamiento y la participación que cada marca establece en una o en varias categorías de industrias, productos o servicios.
Estos ecosistemas permiten reconocer en cada OPS un rol, ya sea como un camaleónico “me too” que imita a un líder de categoría, o como un verdadero pavo real en busca de una jerarquía de macho-alfa dentro de un cierto dominio. Naturalmente, entre ambos casos surgen todos los posibles matices que la tolerancia humana se permita asimilar y comprender, y que definen la aceptación de sus sistemas de identidad de marca. Éstos -no es sorpresa- también tienden a reformular, reinterpretar y adaptar códigos visuales y estéticos vigentes para cada momento y lugar específico.
Romper con dichos límites para conseguir una efectiva diferenciación implica, como toda gran oportunidad, un doble riesgo:• el de ser rechazado por los consumidores, habitualmente conservadores a la hora de opinar sobre las marcas, y
• la adopción de un compromiso tácito (promesa de marca no declarada textualmente) que la organización finalmente no está dispuesta a cumplir.
Tal vez por esta causa, sumada a la subjetividad implícita del diseño de marcas, cada categoría parece conformar una constelación de signos y símbolos convencionales, con muchos niveles de interpretación y relativamente pocos de expresión (¿mucho ruido y pocas nueces?).
No es de extrañar que los productos alimenticios posean códigos visibles transversales, como el uso de tipografías redondeadas, de encapsulados y “outlines” para su fácil aplicación sobre fondos ruidosos o activos (fotos, ilustraciones, texturas gráficas, etc.). O que las etiquetas de vino respondan a diagramaciones casi genéricas, y que los bancos tiendan hacia diseños que se ajustan a grillas horizontales y al uso de azules, rojos y verdes, en su gran mayoría. Por un lado, ello obedece a que las formas poseen un lenguaje que cultural y neurológicamente gatillan respuestas preconscientes; un ejemplo de ello es el antiguo ejercicio gestáltico de “maluma” y “taketa”, que demuestra cómo, espontáneamente, las personas asocian los sonidos más suaves de “maluma” con imágenes redondeadas y sinuosas, mientras que el sonido golpeado de “taketa” es asociado a figuras angulosas y formas quebradas. De esta analogía podemos inferir la improbabilidad de que, sin una buena razón, una OPS declare pertenecer a un universo verbalmente asociado a “maluma” (femenino, infantil, wellness, etc.) y opte en cambio por una gráfica más acorde a “taketa” (deportivo, rockero, energético, etc.).
Veamos. Las organizaciones relacionadas con el mundo infantil suelen desarrollar gráficas de colores fuertes e ilustraciones gestuales; los productos femeninos se permiten gráficas sinuosas, a veces de colores suaves, con elementos cuyo peso visual y su estructura puede caracterizarlas como “delicados”; las empresas del sector industrial suelen recurrir a símbolos de trazo grueso, con más ángulos y rectas que, digamos, las empresas del sector retail.Todo esto pudiera parecer un tema menor, entre las grandes discusiones estratégicas que surgen de la gestión de identidad de una OPS. No obstante, detrás de una aparente irrelevancia muchas veces se anidan, ocultas, grandes discusiones comerciales, administrativas, logísticas y culturales que normalmente no se manifiestan de cara al consumidor, pero que en una sociedad prendada de la tiranía de la transparencia, tienden a emerger en los grandes momentos de una OPS, sea ésta una oportunidad de crecimiento, una fusión o una crisis. Por ejemplo: “¿El uso del color verde nos obliga a ser una empresa amistosa con el medio ambiente?”, o bien “¿una gráfica tecnológica significa que debemos ser innovadores siempre?”.
La idoneidad, entonces, del lenguaje visual y la codificación gráfica, mucho más que obedecer a criterios de codificación artísticos “hieráticos”, es decir lenguaje de privilegiados, es un criterio adaptativo que fluctúa y se ajusta a las percepciones, deseos y tendencias de cada momento, en los que tallan por igual consumidores, colaboradores, directivos de una organización y otros stakeholders.
Las marcas como sistemas vivos
Una marca eficiente debe estar sólidamente sustentada por una OPS que posea una oferta significativa para sus potenciales consumidores (lo que en Procorp definimos como la dimensión REAL del modelo ISR*). Ello debe expresarse en un modelo de negocio claro, con atributos, beneficios y promesas que la distingan del resto de las ofertas del mercado. La consistencia marcaria se sustenta además en el hecho de que las declaraciones de buenas intenciones, lo cosmético y lo superficial, no poseen demasiado valor si no hay una sustancia concreta que las soporte, de la misma forma como las acciones o conductas definen la personalidad de cualquier organismo vivo. En esta línea, podemos asegurar que la identidad de las organizaciones depende en gran medida del contexto cultural del que emergen, y sus marcas son siempre reflejo de una actitud y un objetivo con respecto a dicho contexto, ya sea para dominarlo, asimilarse o para diferenciarse de él.
No hay marca, ni identidad que no sea fruto de dicho contexto, por tanto la selección de recursos, estilos y puntos de contacto debe abordarse con un enfoque holístico que entienda que toda OPS coexiste con otras OPS y mantiene con ellas relaciones que implican adherencias o aversiones, según objetivos estratégicos establecidos. Entender las OPS como organismos vivos involucrados en un ecosistema más amplio, y en ocasiones complejo, ayuda a definir los roles y jerarquías que organizan sus propias marcas y submarcas, lo que redunda en claridad para los consumidores y nitidez para la gestión comunicacional de la propia organización.
Desde una perspectiva de diseño, toda experiencia de marca, arquitectura de marca, desarrollo de packaging, de productos o de infraestructura, será mucho más eficiente, rentable y certera entendiendo que cada intervención está enlazada con una historia preexistente, un contexto cultural, relaciones de interdependencia (positiva o negativa) con dichos antecedentes y objetivos que, sin duda, deben alcanzarse en plena conciencia de lo que hemos descrito. Por tanto, el desarrollo de marcas demanda un tipo de creatividad orientada por cierto “estado de conciencia”, capaz de elevarse por encima de todos los aspectos que inciden en su adecuado posicionamiento. Esto quiere decir diseñar para la organización y sus objetivos (los consumidores y sus demandas), y en concordancia con un contexto siempre complejo que considera a) productos y servicios preexistentes tanto en el portafolio de la organización como en la oferta de los competidores, b) diversos referentes (líderes o protagonistas destacados dentro de una categoría) y, por cierto, c) las diversas identidades que definen a cada uno de ellos.
* Modelo ISR precisa que las marcas están sustentadas sobre tres pilares o dimensiones: lo Imaginario (el posicionamiento de la marca en la mente y corazón de sus consumidores), lo Simbólico (todos los recursos de identidad y comunicación de la marca) y lo Real (o la oferta concreta del producto o servicio).Más info en http://www.procorpweb.com/es/gestion_estrategica/isr.php
26 septiembre 2010
Acerca de “Cosas que me molestan del diseño y los diseñadores”
Etiquetas: Diseño, Preguntas, Retrospectivas
20 septiembre 2010
Rabieta de hombre grande (FOROALFA)
Cosas que me molestan del diseño y los diseñadores | Álvaro Magaña

A ratos es bueno hacer un ejercicio de sincera liberación que permita precisar críticamente cuales son las definiciones fundamentales de nuestras trincheras cotidianas.
Tras mucho trabajar en diseño y con diseñadores, tanto en el ámbito académico y gremial como en la práctica profesional, se me aparecen algunos descargos que quisiera hacer a través de este medio, leído y comentado por tantos buenos y respetables diseñadores.
¿Qué me resulta insoportable del diseño?
Primero, una dimensión de este oficio que me parece crítica son los espacios de relación que se crean en torno a la educación, discusión y ejercicio del diseño. Estos me parecen generalmente insustanciales, excluyentes, innecesariamente retóricos o artificiales, inconducentes a ninguna acción o reflexión de peso, lo que me parece bastante grave considerando que se trataría de la fuente de las conversaciones clave de esta disciplina. Prueba palmaria de esta ligereza conceptual es que la pregunta sobre ¿cuál es el mejor modelo educativo para la formación profesional de los diseñadores? en nuestra modesta cultura hispanoamericana sigue sin una respuesta modélica... Leer en FOROALFA
08 septiembre 2010
Factor Diseño septiembre 2010
Marcas que quieren parecer
¿Qué esconde la seda que viste a la mona?
Todo lo que una organización hace, todo lo que ella piensa y todo lo que siente, tarde o temprano acaba saliendo a la superficie y poniendo en evidencia la verdadera identidad de su marca. El "cómo se hacen las cosas" también afecta la percepción del consumidor.
FACTOR DISEÑO DE PROCORP
09 agosto 2010
31 mayo 2010
El diseño en el negocio de la identidad
FOROALFA nuevamente se anima a publicar mis apuntes sobre el oficio del diseñar.Esta vez el tema es "el diseño en el negocio de la identidad".
El diseño es una herramienta valiosa para la creación de valor funcional y emocional, que redunda en mejor retorno sobre la inversión de nuestros cliente...
Etiquetas: Branding
14 marzo 2010
Diseño de Servicios en The Guardian
Etiquetas: Diseño de Servicios, Service Design, The Guardian
28 diciembre 2009
23 noviembre 2009
04 noviembre 2009
Charla en la Cámara de Comercio de Santiago
Mi presentación del 3/11 en la Cámara de Comercio de Santiago.
La identidad de la empresa: un activo poderoso, gestionable y rentable
Etiquetas: Branding, Diseño, experiencias de marca, innovación
31 octubre 2009
SEXTO TALLER CICLO DE MARKETING Cámara de Comercio de Santiago
Peter T. Hill, Presidente de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), tiene el agrado de invitarle al Taller:
Identidad de Nuestra Empresa: Un Activo Poderoso, Gestionable y Rentable
Este encuentro contará con la intervención del señor Álvaro Magaña, Brand Planner de Procorp, quien abordará temas tales como:
- Marca y reputación, recursos que se construyen con creatividad
- La experiencia de marca y su injerencia en las decisiones estratégicas
- Creando valor con emociones y diseño
El taller se realizará el martes 3 de noviembre, a las 8:45 hrs., en el Centro de Convenciones CCS
(Monjitas 392, Piso 2 - Metro Bellas Artes).
Confirmar al 360 7049 o al e-mail: secretariagse@ccs.cl
Álvaro Magaña
Diseñador con mención en comunicación visual de la Universidad Tecnológica Metropolitana. Diploma de Estudios Avanzados (DEA) de la Universidad de Barcelona. Brand Planner y Director de Planificación Estratégica de Branding y Comunicación de la empresa Procorp, considerada una de las más importantes consultoras en branding, comunicación, diseño y arquitectura en Chile y Latinoamérica.
Entre sus clientes figuran Cardinale, Casa Amarilla, Grupo de Empresas CGE (Edelmag, CGE Distribución, CGE Generación, CGE Transmisión, Binaria, IGSA, Conafe, Tusán, IDT, Novanet, Tecnet, Emelari, Eliqsa, Elecda, Emelat, Emelectric y Transemel), D&S, Derco, IGT, Fasa, Mall Plaza, Diario La Discusión de Chillán, Cpech, IP Chile, SCL Aeropuerto, Innovum de Fundación Chile, IGT, Universidad de Las Américas, Banco Internacional y CMPC.
Ha ejercido la docencia en diversas universidades e institutos profesionales en Chile, dictado charlas y colaborado con medios regionales en temas de diseño, innovación y branding.
Con el apoyo:
26 octubre 2009
Dialogando sobre Diseño (2002)
"Sólo nos pagan por conversar", "nuestra identidad y nuestro futuro se construye sobre conversaciones"... así decía el gurú Flores en aquellos años de capitalismo pujante pre 11092001, no voy a discutir la validez de aquellas sentencias que sin duda permanecen, pero si debo acotar su aplicabilidad y disminuir su cuota de ambición.
Creo que las circunstancias mundiales nos han hecho de una u otra forma converger hacia los fenómenos globales, mostrándonos sin contrapeso que la desmesura irracional del poder nos deja fuera de juego por más ontólogos que seamos.
Todas las cuentas pendientes quedan a merced de un futuro que nadie ahora se atreve a vaticinar, no hay Alvin Toffler que valga ni Negroponte tecno-optimista que de un modo creíble se internen en nuestra deshabitada imaginación tercermundista desplazada por los intereses inmediatos del norte y sus conflagraciones.
Entonces hablando y conversando el diseño llega hasta dónde puede llegar y su trascendencia se supedita obedientemente a las circunstancias en curso. No sabemos qué vendrá después, excepto quizás que el descrédito del mundo, y su maquinaria vigente, va en un carril de no retorno el cual debemos descifrar desde ya.
Aprender tal vez que los lugares comunes suelen ser el pasto de las desilusiones del futuro, que cuando los lugares comunes pasan a ocupar el lugar de las acciones dictadas por el sentido común (acaso tal cosa exista en realidad) suele haber un divorcio sospechoso del "decir" y el "hacer".
Por ejemplo no podemos recaer en el discurso a medida de todo el mundo como lenguaje eficiente, las generalidades del discurso político no han hecho más que desencantar y mentir, dando paso a promesas de corto plazo para el gusto popular, olvidando las tareas que si requieren compromisos patentes y verificables.
¿Que tiene esto que ver con el Diseño, con la comunicación visual?
Tiene que ver en la medida que los medios publicitarios van entrando en una crisis silenciosa, en un descrédito frente al cual cada objeto que diseñamos, cada mensaje que modelamos compite incesantemente con el escepticismo que se instala casi automáticamente con su irradiación mediática, y si esto fuera poco -y si somos un poquito más autocríticos-, pensemos que si vamos a construir nuestras identidades y nuestro futuro en el diálogo entonces debemos considerar como variables de peso la verdad y la sinceridad acerca de lo que comunicamos, sin enamorarnos obsesivamente sólo de la forma de dorar la píldora que es lo que parece haber hecho la publicidad sin medirse ni reflexionar, quemando en el camino todas las articulaciones fértiles, si no más bien incidir con conocimiento y honestidad en los mensajes que organizamos, en la creación de contenidos que se significan en nuestro hacer la disciplina del Diseño.
Obviamente esto no siempre será posible, el sólo llevarlo a la práctica en ocasiones puede equipararse a un suicidio comercial, pues al fin y al cabo solemos actuar como maquilladores de la comunicación y nuestra disciplina ha caído en cierto descrédito derivada de esa condición (prostética a los objetos y mensajes), más aun cuando la demanda del mercado nos ha obligado a desembarazarnos de todo análisis y reflexión con el fin de ser técnicamente eficaces por sobre toda consideración diferente.
Quizás es un despropósito hablar de verdad, honestidad y sinceridad en una vertiente de la comercialización donde los atributos superficiales suelen ser más importantes que los fines últimos de los mensajes, que a menudo se ocultan o se sobreentienden, como -por ejemplo- ocurre con el sistema financiero y sus mecanismos crediticios, que involucran muchos pros y contras, pero que al estar validados por el mercado y los usos no necesitan mayor explicación de sus mecanismos últimos donde subyacen riesgos, castigos, usuras "razonables" y una ilusión de (¿falsa?) seguridad a corto plazo.
Dadas las condiciones presentes ir contra la tendencia del mercado, contra el dejar hacer y dejar pasar ya clásico es una soberana idiotez, una idiotez que quizás en otros momentos más favorables juegue a favor nuestro.
Sin embargo estas conversaciones pendientes desde el diseño que buscan abrirse transversalmente hacia otras disciplinas pretenden, quizás, con una humilde ambición, hacer una plataforma "desde adentro", intentando socavar la docil aceptación de lo que hay y lo que nos tocó para construir en el diálogo un cuerpo de opinión para el Diseño.
II
Enfocarse en un hacer-pensar el diseño me parece una tarea pendiente desde hace mucho. Dada las variables humanistas con que hemos decidido indagar la realidad para establecer hipótesis razonables acerca de ella, dado el concubinato forzado y decidido de nuestro quehacer con la teleología del marketing, la publicidad y los modelos económicos en uso, no queda otra cosa que plantearse una mirada ecléctica, una sensibilidad abierta a variadas categorizaciones con el fin de hacerlas partes de un bagaje instrumental.
En alguna parte de este proceso quizás debamos hacernos de una ontología general para entender el terreno particular de los fenómenos de la comunicación visual, es decir formular una hipótesis del ser en todo contexto y desde ahí direccionar nuestro quehacer según el otro, según requiera el ámbito en el cual debamos actuar de intérpretes o traductores.
Esto quiere decir que una vez identificado el emisor y sus necesidades, el emisor y su narrativa personal en el tejido contextual de sus aspiraciones, deseos y promesas, debemos estar mínimamente en capacidad de apropiarnos de su visión interna con sus proyecciones y entregárselas reestructuradas o desestructuradas (según sintonicemos con las propias proyecciones de nuestras contrapartes).
Pero para que esto se haga efectivamente, transparentemente, debemos internalizar lo que subyace a los metalenguajes en uso.
Es decir sencillamente que el uso de un lenguaje especializado, comprensible y apropiado para hacer nuestras las narrativas a comunicar de nuestros emisores-clientes, pasa por profundizar en los "porqués", en los "cuando y quienes" antes que en el "cómo", que debiera ser el resultado natural de empatizar con el otro en múltiples niveles y traducir sus quehaceres y preocupaciones en interfaces simbólicas.
En última instancia esto requiere una capacidad de estirar como una ameba los pseudópodos en todas las direcciones posibles de nuestra sensibilidad (Cortázar dixit). Lo cual implica ampliar nuestros intereses y nuestra curiosidad a todo dominio de interés de la vida social. Sólo de este modo podemos realizar una actividad significativa para nuestros clientes y nuestra disciplina, independiente de los lenguajes y las tendencias que son flexibles y están en continua mutación.
Además que una actividad que esté enfocada a indagar al otro en tanto fenómeno social ofrece un cuerpo de conocimientos infinitamente más sensible a una epistemología -una filosofía de su quehacer que de cuenta de estos procesos reinterpretativos- que un hacer a ciegas o seducido por la materialidad de la forma antes que por los contenidos esenciales de cada emisor, cualesquiera que este sea.
Bienvenidas sean las disciplinas, las temáticas y las aficiones, tenemos mucho que aprender aun y lo que sabemos aun no alcanza para diseñar el mapa de este mundo que nos ha tocado en virtud vivir.
(textos de un diálogo académico profesional de 2002)
Etiquetas: Retrospectivas
23 septiembre 2009
¿Por qué insistir en aquello de que el diseño es estratégico?
Etiquetas: Preguntas
14 agosto 2009
Elogio de la estética
El diseño de seguro deberá definir diferentes roles ante diversas realidades y objetivos, sin embargo no puede desentenderse de la demanda -relevante pero no siempre explícita- de tangibilizar la emocionalidad para toda clase de emprendimientos humanos (o incluso devolverle el alma): ya sean proyectos comunicacionales, educativos, culturales, comerciales, artísticos, políticos, servicios, desarrollo de productos, espacios, experiencias, etc.
Siempre entendiendo la funcionalidad (citando el viejo “form ever follows function” de Sullivan) como una demanda de claridad, y por ende de seguridad, de comodidad y de confortabilidad -es decir de emocionalidad humana a fin de cuentas-, hay un nivel en el que la estética, entendida como un nivel de percepción y análisis que busca el agrado por la belleza, no puede desagregarse de los objetivos del diseño.
Me resulta imposible pensar que el diseño no tenga implícita la búsqueda de la belleza, ya sea como finalidad funcional alcanzada o como goce sensorial.
A todos mis clientes hasta ahora, tampoco.
Etiquetas: Observaciones casuales
31 julio 2009
Sobre las fachadas
La fachada es la cara de un edificio corporativo...
La marca tiene muchos rostros, el rostro que está en primer plano debe ser capaz de transmitir algo más que "el ajuste a la categoría". No basta que (por ejemplo) un banco transmita seriedad, seguridad o trayectoria por que todos pretenden poseer dichos atributos.
Lo higiénico de una categoría no es diferenciador, un edificio matriz acuñado en preconceptos "cumple" pero no sorprende. Romper con la categoría asegura arrebatarle un lugar a los competidores en la memoria de los consumidores.
El poder de una marca radica en la consistencia y la unicidad de su propuesta de valor. Ser únicos y consistentes en la propuesta de valor constituye el eje de toda identidad.
El poder de una marca está en el poder de su identidad.
La identidad está compuesta de hitos que son percibidos por el resto.
Lo memorable de estos hitos garantiza la pervivencia de la marca en la mente y corazón de la gente.
"Lo feo no vende" decía Raymond Loewy, nosotros podemos agregar "lo aburrido no inspira".
Queremos que las personas se inspiren y confíen en nosotros. Cuando se está a cargo de una misión y tras un objetivo innovador, las trasgresiones son leídas como seguridad en si mismo, las disrupciones son percibidas como desafíos y los desafíos son la vitalidad de una marca competitiva.
Una nueva imagen arquitectónica ayuda a conectarse con el permanente cambio de las cosas.
Lo que no cambia está muerto o agónico. Proponer un giro brusco en el uso de materiales para intervenir el paisaje de la ciudad, es comunicar que la propia compañía evoluciona, si el cambio sorprende e inspira la evolución será percibida como un cambio positivo, algo que alimenta las confianzas y fortalece la identidad.
Etiquetas: Textos Comerciales
01 junio 2009
La importancia de las marcas en todos los puntos de contacto

Fui gentilmente invitado por la ACHAP a dar la charla "La importancia de las marcas en todos los puntos de contacto con el cliente", en el marco de los talleres de marketing de la Cámara de Comercio de Santiago.
30 abril 2009
Lo estratégico como herramienta o santo grial
Declarar que los procesos de diseño deben definirse desde lo estratégico hoy no es nada novedoso, y no agrega más que otra flatus vocis al cacofónico concierto de ofertas que ha desatado la conciencia comercial de que la innovación tiene una vertiente natural en el diseño.
A menos naturalmente que entendamos que se quiere decir con estrategia, quiénes y cómo se toman decisiones estratégicas, como se implementan y finalmente para qué sirve asumir un perspectiva estratégica en los procesos de diseño.
Hay una dimensión que me interesa en este plano y se relaciona con el concepto de poder. Hay una correlación entre la capacidad de incidir, modificar o conservar circunstancias y factores claves en los ciclos de producción, en las comunicaciones, en el mercado, y la posibilidad de establecer lineamientos estratégicos.
Sin poder, sin alguna clase de poder (ya sea fáctico, comercial, político, financiero, de administración, de generación de redes, etc.) las buenas intenciones corporativas u organizacionales suelen chocar con la inconmensurabilidad de la asistematicidad de ciertos fenómenos sociales. Hay que poseer alguna medida de poder para asumir compromisos sobre las acciones de largo plazo en la producción, comunicación y comercialización de una organización, pues el costo y los efectos de una política de largo plazo son profundos en su devenir.
Lo habitual es insertar al diseño en acciones tácticas de mediano y corto plazo, en la campaña puntual, en el producto de temporada, en el punto de venta de la promoción, en el evento. Es tentador pensar que el Pareto del diseño debe hallar en estos ámbitos su seguro 20/80. Sin embargo, se ha documentado suficientemente que el diseño como herramienta estratégica no sólo agrega valor sino que crea oportunidades (digamos “océanos azules” para rimar con las jergas en boga) si su inserción se produce en lo que podemos llamar niveles estratégicos de los planes de negocios y su subsecuente materialización en procesos productivos, logísticos y comerciales.
Es viable afirmar que el diseño puede verse inserto en una cadena extensa de decisiones a) estratégicas, b) tácticas y c) operativas y que curiosamente en este mismo orden decrece su aporte en términos de valor o de influencia, o como dije antes, en su poder transformador de prácticas y percepciones.
Aplicar metodologías antropológicas, psicológicas o ingenieriles al diseño hoy es una condición higiénica para el aseguramiento y validación de sus procesos y resultados. Sin embargo el uso de herramientas etnográficas, Kansei u otros recursos de entendimiento también implica hacer más costosos los procesos de diseño ¿es esto debido a lo estratégico que resulta poseer un mejor conocimiento y una sensibilidad más acabada de las necesidades del mercado?
Gonzalo Castillo afirma que todo lo que se declara estratégico responde a la misma lógica del dicho “put your money where your mouth is”, de lo contrario de nuevo flatus vocis, declaraciones vacías. Si es estratégico hay que poner los recursos a trabajar en ello, si no lo es…
De lo anterior podemos derivar que tanto el poder como los recursos son un ingrediente importante para declarar que el diseño es capaz de escalar en una toma de decisiones verdaderamente “estratégica”. Sin poder ni recursos ¿qué tan estratégico es el diseño?
Queda por ver de qué manera la cultura del open source, la economía del don y los jóvenes y enérgicos prosumer de la rotulada “Generación Y” aportan una nueva perspectiva para la actividad de los diseñadores, sus cortos, medianos y largos plazos.
29 abril 2009
Kansei en Packaging News
Stephen Lillford is research consultant at Faraday Packaging Partnership's Design Perspectives, traducido de packagingnews.co.uk, 03 April 2009
El Kansei está haciendo noticia. Nestlé anunció recientemente que usa esta técnica para desarrollar productos y packaging con una aproximación emocional.
¿Qué es el Kansei? ¿es algo nuevo o sólo un rótulo llamativo?
Kansei surgió en Japón en los 70’s como una nueva tecnología que traduce las emociones de los consumidores en productos. Los beneficios de esta técnica se demostraron tempranamente. Fue usada en el diseño del Mazda MX5, que llegó a convertirse en el auto mejor vendido de su categoría y que aún permanece como un fuerte competidor.
¿Cómo funciona Kansei? No es una caja mágica que provee soluciones a cualquier problema de diseño. Sin embargo entrega una forma de medir de qué manera un diseño será percibido por sus usuarios finales y por qué, antes de que se invierta en capital o recursos humanos, o incluso se los desperdicie en ciclos iterativos de producción. Las mediciones del Kansei vinculan el lenguaje emotivo de las marcas y las necesidades de los consumidores. Un diseño completo o sus partes individuales pueden ser creados usando métodos tradicionales, pero al testear un juego de diseños con diferencias controladas entre ellos es posible identificar lo que impacta la percepción de los consumidores. Como resultado, el brief de diseño puede entregar especificaciones por cada medición Kansei, en lugar de sólo guiarse por sentimientos viscerales.
¿Qué hace “lujoso” a un chocolate? Nestlé entendió claramente que esta percepción no sólo obedece al paladar. Usando Kansei, diseñaron sus envases y embalajes recurriendo a métodos similares a los que podrían usarse para el sabor de sus chocolates: con un ojo sobre las mediciones.
¿El diseño necesita de Kansei? Bien, hay quienes creen que Kansei no es adecuado para el diseño pues restringe la creatividad a procesos estructurados, pero quizás se está perdiendo de vista que las ideas vienen de todas partes. De todas formas, cuando Kansei es usado en los procesos de diseño para comunicar y ajustar ideas, funciona, cuando otros métodos de desarrollo de productos se comienzan a parecer más a concursos de belleza.
En Faraday hemos usado Kansei para muchos bienes de consumo de alta rotación (Fast Moving Consumer Goods FMCG) a través de los años y continuamos desarrollando el “Kansei way” a través de la asociación con los propietarios de marcas comerciales.Etiquetas: Citas
14 abril 2009
Meméticas del diseño
08 abril 2009
Complejidad como estructura formativa
Hoy sabemos que todo está más conectado de lo que aparenta, y los diversos enfoques existentes sobre el ser humano, la sociedad, la materia y el espacio tienden a converger explicitando las dependencias y correlaciones implícitas entre (y con) los más diversos conocimientos, experiencias y fenómenos de los cuales tengamos registro.
La noción de red y los enfoques sistémicos, holísticos e integrados dan cuenta de esta asunción de la complejidad como factor decisivo en el entendimiento y la determinación de políticas y planes de acción en casi cualquier ámbito social.
Hay tantas variables en el proceso de detección de necesidades, y en la subsecuente creación de oportunidades a partir de dicha detección, que el diseño a emprender debe sortear eficazmente las demandas y las condicionantes impuestas por estos antecedentes, lo que siempre implica una necesidad sistemática de administrar la complejidad a fin de asegurar entre otras cosas la simplicidad de la solución final.
Lo que en diseño significa que no importa cuán complicado sea el problema, la solución debe ser simple: simple de implementar, entender, usar y replicar, ya que el diseño no sólo implica el proyecto mental imaginado (la concepción de un marco teórico y su consecuente planteamiento de hipótesis y verificación) y su tangibilización primaria como prototipo, sino además su implementación, productivización (cuando no estandarización), entrega (ya sea comercial o no) a un usuario real y su uso eficiente.
Este modo de entender al diseño como un proceso que concluye en artefactos, productos y también elementos de comunicación y como un proceso creativo que satisface demandas y necesidades, condiciona irremediablemente el ámbito teórico del diseño, sus énfasis, jerarquías y políticas.
Hasta hoy, esta es una premisa que ha permitido la existencia de ofertas académicas cuyo “sello” difiere en grados sensibles en relación a lo que se ha caracterizado como diseño (Diseño de Comunicación Visual, Gráfico, de Equipamiento, Industrial, Integral, de Servicios, Editorial, Multimedial, etc.).
Por lo tanto identificar las variables que determinan el estado presente de la actividad de los diseñadores influye no sólo su pensamiento y creencias sobre si mismos, sino que necesariamente determina los objetivos de cualquier proyecto educativo que intente formar profesionales que sean funcionales a dichos objetivos, de un modo que se puede pretender transversal a diversos enfoques económicos y políticos (que suelen estar intervenidos unos por otros). Pues las variables que se identifiquen, ya sean habilidades o conocimientos que se demuestren necesarios para la práctica profesional; competencias genéricas para enfrentar el mundo productivo o capacidades superiores que posibiliten la conducción asertiva de las “decisiones de vida” de los diseñadores, terminan produciendo temas de asignatura o programas de estudio, determinando (al menos en el papel) las áreas que se espera debiera dominar un profesional.











