Reflexiones, Teoría y Cultura de Diseño

14 agosto 2009

Elogio de la estética

El diseño de seguro deberá definir diferentes roles ante diversas realidades y objetivos, sin embargo no puede desentenderse de la demanda -relevante pero no siempre explícita- de tangibilizar la emocionalidad para toda clase de emprendimientos humanos (o incluso devolverle el alma): ya sean proyectos comunicacionales, educativos, culturales, comerciales, artísticos, políticos, servicios, desarrollo de productos, espacios, experiencias, etc.

Siempre entendiendo la funcionalidad (citando el viejo “form ever follows function” de Sullivan) como una demanda de claridad, y por ende de seguridad, de comodidad y de confortabilidad -es decir de emocionalidad humana a fin de cuentas-, hay un nivel en el que la estética, entendida como un nivel de percepción y análisis que busca el agrado por la belleza, no puede desagregarse de los objetivos del diseño.

Me resulta imposible pensar que el diseño no tenga implícita la búsqueda de la belleza, ya sea como finalidad funcional alcanzada o como goce sensorial.

A todos mis clientes hasta ahora, tampoco.

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03 octubre 2008

Nuevas preguntas

Dado que cada vez es más evidente que el descanso, el dormir y el tiempo de reflexión son ingredientes valiosos para el pensamiento creativo e innovador ¿por qué en nuestra realidad académica, y por extensión casi toda nuestra realidad profesional, se valida la creencia (y la práctica subsecuente) en la supuesta "magia creativa" del último minuto? (aunque, como me dijo alguna vez Gabriel Gurovich, "las mejores ideas vienen muchas veces de la presión y de la falta de opciones que ocurre a las 5 de la mañana").

¿La adecuada administración del tiempo debiera ser materia de estudio de los colegios o las universidades?

¿Qué podría explicar -y ayudar a administrar mejor- aquello de que la creatividad "no tiene horario de oficina"?

¿Es sólo un asunto de sobresaturación de mercado, que impide cobrar valores realistas y acordes a las horas efectivas dedicadas a los procesos de ideación y producción de prototipos?

¿Es buena la respuesta "así es este negocio"?

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30 septiembre 2008

Preguntas

¿Qué causará la permanente resistencia de los diseñadores al encargo formulado con objetivos comerciales explícitos?

¿La creatividad puede florecer encausada y con un propósito determinado?

¿Es posible transmitir supuestos conceptuales sin que se produzca una pérdida significativa de sentido?

¿Qué ocurre que los brief terminan siendo documentos que reiteradamente remiten a declaraciones y supuestos irrelevantes para el desarrollo de propuestas de diseño significativas?

¿Es éste un problema del lenguaje o de la capacidad de comprensión de la mente "creativa"?

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18 marzo 2008

Arte, Diseño, Mercado y Dinero

A raíz del texto que se publicó en ForoAlfa “Todas esas cosas que (no) son diseño”, sostuve un breve intercambio de opiniones por correo con una diseñadora industrial colombiana, para quien lo que escribí en el texto me posicionaba como promotor del “diseño cortesano”, concepto que usa Ramiro Espinoza para referirse a quienes, habiendo abandonado el altruismo, diseñan “como si fueran técnicos” vehiculizando “expectativas ajenas, renunciando a toda sublimación, cercenando su Eros creativo (…) un sujeto alienado, que no tendrá conciencia de su rol en la sociedad y que, por lo tanto, será incapaz de reformularlo.”

Leer artículo completo en Foro Alfa.

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12 septiembre 2007

El Rol del Diseño en la Sociedad Neoliberal

Con este título ambicioso no llegamos a ningún lado...
Necesariamente debiéramos definir a qué le llamamos una sociedad neoliberal y más específicamente si es posible determinar roles dentro de una sociedad de la misma forma como asignamos funciones a diversas partes de un mecanismo. Las respuestas a este planteamiento son múltiples y están todas cortadas por el matiz ideológico que cada uno elija para entender la realidad que habita. El diseñador familiarizado con la dinámica del mercado, el marketing, la publicidad y el consumo probablemente defenderá como campo de acción el alto impacto, el efecto inmediato, el poner en valor productos y servicios, enfocándose en obtener una porción del bolsillo del consumidor en independencia de ciertas creencias "blandas" acerca de las personas, sus aspiraciones y de cualquier objetivo "humanitario". Mientras el diseñador habituado al trabajo en áreas de bajo retorno económico: micro emprendimientos, ongs, organizaciones de bien social y educativo, va a tender a rechazar instintivamente aquellos proyectos que ponen en primer término el retorno a la inversión antes que el impacto social. Esto es natural que sea así y sería saludable empezar a entender la complementariedad de ambas posturas y la inmanencia de su conflicto.
Una de las cosas que podemos achacarle a vivir dentro de una sociedad neoliberal es que a la par de liberalizar el comercio, permitiendo la diversificación de bienes, productos y servicios, se han multiplicado y creado nuevos perfiles de consumidor, tribus, intereses y estilos de vida con objetivos divergentes, a veces a contrapelo de cualquier definición básica de convivencia en sociedad (caso de las barras bravas, las sectas, los grupos juveniles, las tribus -como se le ha dado en llamar-, etc.); por lo tanto, si a pesar de lo anterior apostamos a que pudiera simplificarse en dos roles básicos la caracterización de los diseñadores: a) un rol social, en el que al diseñador le cabe mejorar la calidad de vida de las personas y b) un rol comercial según el cual el diseñador ayuda a crear mercados, a informar eficazmente de las instituciones que hay tras las marcas, sus productos y servicios a través de todas las interfaces disponibles (web, packaging, medios impresos, objetos, espacios, etc.) para estimular transacciones económicas; podríamos (debiéramos) dudar sistemáticamente de la completitud del cuadro, pues: ¿es que no hay más roles?, ¿hay vida más allá del diseño altruista y el diseño de consumo?, ¿todos son o desalmados mercaderes o emisarios del bien común? De seguro hay muchísimos más matices entre ambas posturas, pero ¿dónde están y qué hacen para vivir?
Cuando nos adentramos en el misterioso universo de los diseñadores que realizan auto encargos, aquellos que han optado por la auto expresión, por imponerse tareas que nadie ha demandado pueden ocurrir cosas inesperadas o curiosamente innovadoras.
Por ejemplo el creciente número de tipógrafos que han cundido especialmente en Latinoamérica parecen contener un saco sin fondo de indagaciones, registros, adaptaciones y juegos que parecieran no convence ni emocionar a ninguna red de capitales de riesgo, ni ayudar a vivir mejor a ningún ser humano en desventaja económica, física o intelectual. Parecieran vivir en un territorio aparte que existe en función de la pasión y el cariño que despierta el oficio del tipógrafo. Tal es su pasión que congregan números importantes de estudiantes y profesionales en torno a sus propias figuras, ídolos y próceres, en seminarios, talleres, congresos, etc.
Pareciera no haber necesidad de mercado para su oficio, por el contrario los consumidores nadamos en la sobreabundancia, en un mundo penetrado por una Web que facilita la descarga gratuita e indiscriminada de fuentes para instalar en el computador, además los consumidores no especializados parecen conformes con las letras funcionales que ofrece cualquier sistema operativo: arial, verdana, times o la inexplicablemente querida comic sans: sin tomar en cuenta que los jóvenes (estudiantes de diseño, púberes, rockeros, aburridos) prueban y juegan con otras menos funcionales o derechamente ilegibles.
Son una comunidad o una comunidad de comunidades compuesta de bandos y satélites, discípulos y maestros, que no deja de sorprender por la concentrada aplicación que les demanda la correcta identificación del apófige o del espolón de una letra, ¡oficio medieval con herramientas del siglo XXI!, ¿cuántos de estos maestros digitales han generado una innovación significativa, es decir valorada por el mercado?, ¿cuál es su mercado?
Dada la densidad y pasión que los mantiene en su producción inagotable de familias de letras tomadas de bares, étnicas, vintage, populares, etc., de seguro se ubican en otra dimensión que a veces busca justificarse social y culturalmente en base a alguno de los dos extremos que expuse.
¿Podríamos entonces calificarlos de arte auto sustentable?
¿Son ellos la última expresión de eso que llamábamos artes aplicadas?

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15 mayo 2007

De los concursos y licitaciones

Luciano Cassisi ha publicado en ForoAlfa un texto en que califica de “estafa” a las licitaciones o llamados a concurso en diseño y otras actividades “creativas”. Y creo que acierta al exponer la vulnerabilidad del diseño ante esta práctica habitual que a diferencia de lo que ocurre con otras disciplinas nos deja, a quienes diseñamos, obligados precisamente al virtual “regalo” (por no decir HURTO) de ideas, formas, estilos y decisiones conceptuales, elementos que constituyen la esencia perceptible de lo que hacemos.
La experiencia de variados profesionales de diseño y la mía incluida no ha estado exenta de grandes y pequeños robos de propuestas imputables a esta práctica, a esta suerte de catálogo abierto de ideas que suelen ser los llamados a concurso.
Oponerse enérgicamente al trabajo especulativo (ver NO-SPEC) es un paso inicial necesario y casi obvio, por el cual estamos obligados a exponernos a la realidad de nuestra profesión, definiéndola como una respuesta emotiva, perceptual y funcional a la necesidad o la demanda de alguien, que nos coloca tras la búsqueda, conceptualización y ejecución de soluciones que realmente sean lo que prometen ser: soluciones efectivas, eficientes y relevantes para la comunicación o para mejorar las experiencias de vida humana.
Digo esto porque a fin de cuentas quien roba una solución formal, un diseño en su dimensión perceptible (el formato de una publicación, el uso de materiales, las combinaciones de colores, la proporcionalidad ergonómica, etc.) lo hace en la creencia de que cualquier solución basada en un brief escueto y sin intermediación del mandante (ya sea como comercializador, distribuidor o comunicante) puede ser buena en tanto satisfaga (como indica Cassisi) criterios del gusto apropiado o no a la circunstancia del encargo –¡cuando esto se toma en cuenta y no se carga la decisión formal al gusto de un directorio de empresa, o de un product manager!-, descontando que naturalmente queda implícito en el “robo” que la buena idea de diseño es gratis y descontextualizable sin pérdida de calidad.
¿Es así?, ¿estamos de acuerdo con esto?, ¿por qué la definición de cargo de algunos encargados de marketing y product managers no estipula dentro de sus responsabilidades la de diseñar, de tal forma que el costo implícito sea imputable a los honorarios de estos personajes?, ¿es válido que regalemos horas de sueño, de vida, de trabajo productivo para alimentar portafolios ajenos?
Estoy de acuerdo que en ciertas ocasiones hay un costo de riesgo y oportunidad frente a los cuales se está dispuesto a trabajar concienzudamente y exponer parte del trabajo con el objeto de aspirar a un encargo de proyecto mayor. Esta suerte de incentivo en situaciones de gran incertidumbre pueden convertirse en valiosas oportunidades para optimizar procesos o para productivizar mejor la oferta del diseñador, pero ¿qué pasa cuando este riesgo e incertidumbre se convierte en una norma frecuente para cada proyecto de diseño, cuando el diseñador queda permanentemente expuesto a una subjetividad nunca bien definida y su talento o gestión están supeditados al menor precio ofrecido o a una mala práctica corporativa? (me refiero a los llamados en que el ganador está previsto de antemano o el menor precio ya está asignado “bajo cuerda” y se licita por formalidad).
¿Costo de estar inserto en una disciplina indefinida?
Estos son temas serios para asociaciones gremiales serias (no en el sentide del humor).
¿Quién toma la posta?
¿Qvid?
¿CDP?

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18 diciembre 2006

De la publicidad

Tres cosas que pensaba entre el fin de semana y hoy:

I
Realizar un estudio acerca del ascenso a nivel corporativo de la "ocurrencia" desarrollada por (pilsen) Cristal de actuar de modo semejante a Coca-Cola, pasando de la publicidad de producto a la publicidad conceptual con alguna raíz antropológica. Con sus aciertos y errores, indudablemente Cristal ha explotado la chilenidad al punto que su narrativa dejó hace mucho rato dejó de referirise a su calidad, la que obviamente nunca fue mucha.

II

En el metro de Santiago hay una campaña de "precavimiento" (si es que vale el concepto) que trata de advertir a los usuarios el aumento de pasajeros y de reglas de uso que sufrirá el metro con el sistema "Transantiago", que reemplazará el caótico e indecente servicio de locomoción pública. En los carteles retroiluminados uno puede ver dos policías, o guardias rodeando a un mimo y otros más en que el mimo aparece en primer plano. Sabiendo el rechazo bastante explícito que provocan los mimos en la totalidad de mis amigos, me preguntaba si primero:
  1. ¿Ese rechazo es estadísticamente mayoritario?
  2. Si así fuera ¿qué creativo o que "gerente de qué" habrá tomado la, en mi opinión, curiosa decisión de usar mimos en la campaña?
III
Se acerca el período de "liquidación" académica, sabidos los resultados de las pruebas las universidades, institutos y centros de formación técnica se lanzarán como hambrientas pirañas a cazar cautos e incautos estudiantes bajo la promesa de la superación, el crecimiento, el aprendizaje de un oficio, el emprendimiento, las redes, etc.
Realizar un barrido de todos los conceptos de campaña y compararlos entre sí, su diferenciación o su mímesis, sus supuestos y sus promesas.
Y lo más interesante aún sus argumentos persuasivos, sus modelos de jóvenes, etc.
Bueno esto ya partió hace rato y se ven las cosas más extrañas, una chica redondita con cara de gato para una universidad masona, un chico vestido de verde oliva para una universidad anti neoliberal, gente atravesando papeles, chicos bien que son emprendedores, románticos y no se qué más, etc.
¿Valdrá la pena hacer el correlato entre la oferta y el producto real?

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